A pocos meses de una nueva edición del Día del Patrimonio Social, la directora de esta iniciativa, Carolina Aburto, explica de qué se trata, reflexiona sobre la solidaridad, el trabajo sostenido de la sociedad civil y el desafío de convertir a Chile en un país donde ayudar al otro sea parte de la vida cotidiana y no solo una respuesta frente a las emergencias.
Por Francisca Vives K.

Carolina Aburto, directora del Día del Patrimonio Social.
“No estamos pidiendo plata. Estamos pidiendo tiempo”. La frase aparece varias veces durante la conversación y resume el espíritu del Día del Patrimonio Social, una iniciativa impulsada por la Comunidad de Organizaciones Solidarias que este año volverá a convocar a organizaciones, empresas, municipios y ciudadanos de todo el país para celebrar una forma de patrimonio que pocas veces ocupa titulares, pero que está presente todos los días. El que construyen las personas cuando ayudan a otros.
Cuando se habla de patrimonio, la mayoría de las personas piensa en edificios históricos, monumentos, tradiciones o expresiones culturales. El patrimonio social propone una mirada distinta. “El patrimonio cultural trae el pasado al presente para entender quiénes somos hoy. El patrimonio social muestra el presente para construir un mejor futuro”, explica Carolina Aburto quien llegó en 2024 a dirigir la iniciativa.
La idea nació desde las propias organizaciones que integran la Comunidad de Organizaciones Solidarias, red que reúne a más de 280 fundaciones de todo Chile. Algunas son ampliamente conocidas por la ciudadanía, pero muchas otras realizan un trabajo silencioso y permanente lejos de los espacios de visibilidad.
“El Día del Patrimonio Social surge porque había una necesidad de darle valor a la labor que realiza la sociedad civil por el bien de las personas y de nuestro país. No todo es el Estado ni las empresas. Existen miles de organizaciones sociales que se movilizan para resolver múltiples necesidades que existen en Chile”.
La próxima edición del Día del Patrimonio Social comenzó a desplegarse durante junio con la apertura de las convocatorias para organizaciones y actividades ciudadanas. La idea es reunir iniciativas de voluntariado y colaboración que se desarrollen durante todo el año y especialmente los días 4 y 5 de diciembre.
A su juicio, una de las mayores riquezas del país está precisamente ahí: en las miles de personas que dedican tiempo, energía y talento a mejorar la vida de otros.
“Yo diría que la gran mayoría de las fundaciones que existen en Chile nacen de la necesidad de disminuir la pobreza o mejorar la vida de las personas. Hay gente que organiza rutas calle, recolecta alimentos, trabaja con comunidades, acompaña a personas mayores o desarrolla proyectos educativos. Hay personas que han dedicado su vida a esto y que nadie conoce. Eso es patrimonio social” añade.
El papel de las empresas
Para Carolina el patrimonio social no pertenece únicamente a las fundaciones o corporaciones.
“También es patrimonio social cuando los niños hacen amigos en una plaza y los adultos empiezan a relacionarse entre ellos. Las juntas de vecinos construyen patrimonio social. Las organizaciones comunitarias construyen patrimonio social. El voluntariado construye patrimonio social. Incluso donar dinero a una causa es patrimonio social”, dice.
Por eso insiste en que la solidaridad no debería aparecer únicamente en contextos de emergencia. “Chile es un país súper solidario. Lo hemos demostrado muchas veces. El problema es que generalmente la solidaridad aparece cuando hay una catástrofe. El Día del Patrimonio Social nace con la necesidad de ser solidarios sin una emergencia detrás. Seamos solidarios porque sí. Porque tenemos ganas de serlo, porque nos hace bien y porque es parte de nuestra naturaleza”.

Carolina en actividad Marcha con Alma, enmarcada en el Día del Patrimonio Social 2025, junto a Reales Seguros y Fundación Las Rosas.
La invitación principal tampoco pasa por hacer grandes sacrificios.
“Nosotros no estamos pidiendo plata. Estamos pidiendo tiempo. ¿Tienes cinco minutos? ¿Una hora? ¿Una tarde? Eso basta. Lo importante es hacer algo por los demás sin esperar nada a cambio. Un abogado puede donar una hora de asesoría. Un músico puede tocar para personas mayores. Un profesor puede enseñar algo que sabe. Un gásfiter puede ayudar a alguien que necesita una reparación. Todos y todas tenemos algo que dar”.
Otro actor clave en esta construcción colectiva son las empresas. Para Carolina, el voluntariado corporativo tiene un impacto que va mucho más allá de los resultados visibles. “Está demostrado que genera sentido de pertenencia, desarrolla liderazgos y fortalece la cultura organizacional”. Por eso observa con optimismo cómo cada vez más compañías integran la sostenibilidad dentro de su estrategia. “Cuando el propósito viene desde la alta dirección se nota. Se refleja en toda la organización”.
A su juicio, las empresas están entendiendo que la sostenibilidad ya no consiste únicamente en donar recursos, sino en generar transformaciones duraderas.
Una invitación para todo Chile
Durante las versiones anteriores han surgido experiencias muy diversas. Desde plantaciones de árboles y limpiezas de playas hasta conciertos, cosechas comunitarias, actividades intergeneracionales y encuentros vecinales.
Entre las que más la emocionan recuerda la Marcha con Alma organizada junto a Fundación Las Rosas y Reale Seguros. “Se trata de una actividad para reivindicar a los mayores. Salimos a caminar con personas mayores, con sus sillas de ruedas, con sus andadores, acompañados por vecinos y organizaciones. Los vecinos salían a saludarlos. Aplaudían. Fue muy emocionante. Llegar a ser mayor es un privilegio y a veces se nos olvida”.
También destaca aquellas iniciativas donde distintas organizaciones colaboran entre sí. “Me encanta cuando varias organizaciones se unen para hacer algo juntas. Ahí uno ve que el patrimonio social ocurre de verdad. Porque finalmente todo esto se construye en comunidad”, comenta.
Uno de los desafíos más importantes será fortalecer la presencia fuera de Santiago. Aunque el Día del Patrimonio Social ya tiene presencia en las 16 regiones del país, el objetivo es ampliar significativamente la cantidad de actividades fuera de de la Región Metropolitana.
La meta a largo plazo es ambiciosa, pero significativa. Carolina imagina que hacia 2030 el Día del Patrimonio Social esté completamente instalado en la cultura chilena, al mismo nivel que otras fechas que forman parte del calendario colectivo. “Mi anhelo es que fuera una fecha que todos supieran que existe y que se prepararan para ella. Que las familias, los colegios, las empresas, los municipios y las organizaciones pensaran cómo participar”.
Cuando se le pregunta qué le gustaría que se dijera de Chile dentro de algunos años, responde sin dudar: “Que somos el país más solidario del planeta”. No lo plantea como un eslogan ni como una meta estadística. Más bien como una forma distinta de entender la convivencia. “Hay muchas personas haciendo cosas buenas todos los días. Lo único que falta es visibilizarlas y recordar que todos tenemos algo que aportar. La solidaridad es algo extraordinario y está ocurriendo todos los días. Solo tenemos que aprender a verla”.



